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20090309

Código Cordelia, 4


De una crónica de espectáculos de la época…

Cordelia Granate, née González, nació en una familia humilde, en un ignoto pueblito de la provincia de Buenos Aires. Desde pequeña se sintió atraída por las tablas y dio claras muestras de su talento y de su abnegación por el arte. Reunía a sus pequeñas amigas del club social organizando amables tertulias en la sede del mismo, para regocijo y gozo de sus mayores.
Alumna destacada, siempre era elegida por sus maestras para representar a las mujeres célebres de nuestra historia. Aún recuerdan en el pueblo su excelsa recreación de Mariquita Sánchez de Thompson, o su apasionada personificación de Merceditas de San Martín.
Fue en ocasión de uno de estos actos escolares en que, la presencia sorpresiva de un importante empresario de la Capital, en el Salón de Actos de la Escuela Paula Albarracín de Sarmiento, determinara un nuevo rumbo en el destino de la aún niña.
Este, visionario, deslumbrado por el genio de la muchacha, pidió autorización a los padres para completar la formación artística de la joven en la gran ciudad, y así iniciar lo que, con el tiempo, sería la brillante carrera de esta iluminada mujer.
Embelazada tanto por la propuesta como por la galantería, el don de gente y el charme de este quimérico soñador del mundo teatral, la pequeña muchacha logró, ante sus súplicas, que sus padres dieran el consentimiento.
Ya instalada en la gran ciudad inició estudios de piano, danzas clásicas y españolas, protocolo y comportamiento en la mesa, canto lírico, gimnasia rítmica y francés, entre tantos otros.
No pasó mucho tiempo antes de que aquel mecenas descubriera en la inocente muchacha los encantos de una mujer. Y tampoco quedó atrás la joven Cordelia, quien noche a noche, desconcertada por este nuevo e inesperado sentir, se almibaraba al descubrir que su corazón se agitaba trémulo e incesante y que la causa no era otra que el flechazo de cupido.
La feliz unión se formalizó unos años más tarde dada, para entonces, la corta edad de la joven, inaugurando así largos años de dicha y prosperidad. Sin embargo, una pena aquejó a la muchacha durante largo tiempo y fue su imposibilidad de darle herederos al amado cónyuge.
Pero no hay desdicha que el amor y la vocación por el arte, no subsanen. Y así fue como aquello que torturara la frágil cabeza de la muchacha, se convirtió pronto en el motor que la impulsara a desarrollar y desplegar sus dotes artísticas y creativas, adoptando el apellido de quien la descubriera para, así, darle más lustre y convertirlo en punto de referencia en el mundo del arte. Peculiar manera de hacer trascendente un apellido sin vástagos.
Pero una nueva sombra ensombreció, en esta trayectoria, la vida de esta prócer de la escena. Y fue la temprana muerte de su amado esposo. Superada la primera crisis, retornó a las salas de la calle Corrientes, manteniendo de ahí en más, y a lo largo de su extensa vida, dos únicos amores: su fiel compañero ya fenecido y el TEATRO. Aún hoy se recuerda su célebre frase: “mi vida es el teatro”.
¡Majestuosa Cordelia!, intitularon los principales periódicos de la ciudad en sus críticas por el retorno de la estrella al espectáculo porteño. “¡Majestuosa Cordelia! y con su brillo da esplendor a la calle Corrientes” (por entonces angosta).
Primera Actriz y Cabeza de Compañía de los elencos más renombrados del tout Buenos Aires, llegó a dirigir su propio elenco y a fundar una de las primeras salas capitalinas regenteada por una mujer. Con su arte y su don actoral llevó al éxito a más de un, para entonces desconocido, dramaturgo y director.
Aún hoy se recuerda el clamor que provocaban en el público, sus clásicos suspiros sobre el palco escénico o sus profundos silencios dramáticos.
Invitada a participar en festivales internacionales llevó su arte por el orbe, recogiendo el elogio, la admiración y el aplauso del mundo todo. Miembro de Jurados Internacionales de Certámenes Teatrales, su palabra templada, sus conceptos justos y sus medidas fundamentaciones, provocaron el asombro de viejas figuras del mundo del espectáculo, al tiempo que su prestancia, su exquisita figura, su elegancia sin par y su seducción innata, despertaban la envidia de sus congéneres y el éxtasis de los varones que se le aproximaban.Artista de alma, generosa maestra que inculcaba a sus discípulos el amor por el teatro, respetada empresaria en las lides teatrales, su nombre se constituyó, así y de ahí en más, en sinónimo de disciplina, de creatividad y de buen gusto.

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